La sociedad chilena, en contraste con la argentina o con otras latinoamericanas, no tuvo un cambio rotundo de pensamiento luego de los sucesos ocurridos en la dictadura de ese país. Antes del golpe, en épocas de Salvador Allende, ya la sociedad estaba muy dividida entre una clase social trabajadora inclinada hacia el socialismo de izquierda, y otra muy diferente con fines golpistas con ideales de derecha y tendencias liberales. Tras 17 años de dictadura, desapariciones, muertes y persecuciones (pese a ser una de las menos violentas, en comparación con la de Argentina y otros países latinoamericanos), la sociedad seguía teniendo las mismas diferencias políticas, solo que luego de las elecciones de 1990, hubo una hegemonía de los partidos de izquierda.
A lo largo de toda la dictadura de Pinochet, este se vio respaldado por la aristocracia industrial chilena, quienes gracias al nuevo plan económico liberal (quien seria la base para los gobiernos neoliberales en la década de los 90) se vieron potenciados y beneficiados. Sus otros seguidores políticos que no pertenecían a este selecto sector social, se vieron impresionados en su momento con el denominado “milagro económico chileno”, el cual fue acabar con la hiperinflación que se sufría en esa época en el país.
De esta forma, tras décadas de rivalidades entre estas dos grandes fracciones políticas, y luego de muchos puntos flojos en gestiones de ambas; el pueblo no encuentra paz, ni un punto en común, que se pueda dar en un candidato que acate las necesidades de todos los sectores de la sociedad.
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